Los Reyes Magos
El otro día, a la noche, tres hombres (ya bastante mayores, no creáis), se deslizaron casa por casa, dejando regalos a sus habitantes, siempre que se hubieran portado bien; y a los que no, les dejaron en ofrenda trozos de carbón.
Y sí, señores, los Reyes Magos llegaron el miércoles. Hay que ver, ya quisiera yo tener esa vitalidad al llegar a los dos milenios. Y es que cuando llegan los Reyes Magos, los niños se portan bien y se acuestan temprano, y los padres corren a los centros comerciales a pasar la tarde sólo esperando en la cola de la caja. Son algo así como el glorioso punto final a las navidades. ¿Quién de nosotros no se ha acostado nervioso el cinco de enero, sin poder casi conciliar el sueño pensando en qué traerán los Reyes este año? ¿Les llenará de orgullo y satisfacción a Sus Majestades traer regalos a todos? ¿De dónde son Reyes? ¡Y qué más da! ¡Ahí está la magia!
Pero no toda la gente ha tenido unos buenos Reyes Magos. Me pregunto si, por ejemplo, el chamaquito de Oswaldo de hace un par de entradas habrá recibido la bicicleta que quería. O ese niño de cinco años que pidió que a su abuelita le dejara en paz el señor Alzheimer, como lo llamaban sus papás, que hacía que la abuela se olvidase de él y no le reconociera cuando jugaba con él. O esa niña que pidió que su papá dejara de pegarle cuando bebía. El que pidió que o su papá o su mamá dejaran de estar en el paro. O la que directamente pidió unos papás porque los suyos se habían ido al cielo.
Incluso, hay gente que perdió la esperanza en escribir la carta, porque sabía que no iba a recibir lo que quería. Como ese hombre mayor que pretendió pedir un mes más resistiendo al cáncer para poder ver a su nieto nacer, o la mujer anciana que quería volver a tener a su difunto marido para apaciguar su soledad.
Los Reyes Magos pueden traernos cosas materiales siempre que podamos permitírnoslas. Pero por lo que se ve no pueden hacer milagros. ¿Son magos entonces? ¿O sólo reyes? Lo que ocurre es que ellos no se bastan por sí solos. Tal vez nos toque a nosotros poner la magia en tanto que podamos. Y podemos. Porque las personas son el ser más mágico de todos.
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