Cómo lograr la felicidad
Pues lo siento, ¡no! No hay una fórmula mágica. No hay secretos guardados para conseguirla. En realidad, todo el mundo la lleva consigo. No hace falta ir a buscarla. No hace falta comprarla. No hay que regatearla. Simplemente, hay que desenterrarla.
No, no me he vuelto loco. Es sencillo de explicar, pero difícil de entender. Primero, es difícil de explicar porque nadie sabe exactamente qué es, o cómo es. No lo sabemos, pero, ¿acaso no sabemos cuando la sentimos? Entonces será porque se ha experimentado alguna vez. Solos o acompañados, pero se ha sentido. Y nunca se ha perdido. Sólo y a lo sumo, escondido.
La búsqueda de la felicidad es algo que ha llenado el pensamiento de cientos, no, millones de pensadores, filósofos, panaderos, carniceros, empresarios, ancianos o niños. Y en realidad, no había que buscarla. Todos la hemos experimentado alguna vez. ¿Cómo encontrarla entonces? Desenterrándola. Sacándola del refugio interior donde la guardamos y reciclándola para cuando más lo necesitemos. Todo ser humano tiene, aunque sea poca, felicidad guardada en su más profundo interior. En el sitio casi más inaccesible. Donde nadie, absolutamente nadie salvo nosotros, pueda corromperla. Es nuestro secreto, nuestra propia esencia. Ese compendio de nuestros mejores momentos al que recurrimos en etapas más sombrías. Todo el mundo puede recurrir a él, y por tanto no hay nadie que no pueda iluminar su propio camino. No hay nadie sin la fuerza para hacer un camino y los ocho que puedan seguir enfrente. Nadie que no sea capaz de enfrentarse al más temible de los dragones. ¿Por qué no lo ponemos ahora mismo en práctica? Este blog llevaba tiempo sin actualizarse, y tal vez una de las razones es que me cansé de que fuera una conversación en un sólo sentido. Ahora quiero que tú, querido lector, te des cuenta de esa fuerza indestructible que llevas dentro. ¡Pruébalo! ¡Recuerda ese momento especial! ¡Inténtalo! No puedo decirte cuál es, cada uno tiene el suyo. ¿Ya lo estás recordando? Bien. Ahora haz una cosa. Intenta acordarte de los detalles. Qué camiseta llevabas, con quién estabas... Y ahora, sonríe. Sonríe aunque no te apetezca. Y sigue pensando con ese momento. Saca tu fuerza interior. Siéntete capaz de todo. Mejor dicho, recuerda que eres capaz de todo. Si lograste aquel momento feliz, ¿por qué no ibas a poder lograr otros muchos más?
No hay mayor fuerza en el mundo que la voluntad de ser feliz. Si sólo una persona ha logrado este objetivo durante apenas tres segundos al hacer el esfuerzo que antes he dicho, habré logrado yo también parte de esa meta.
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