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Mi Paisaje

Javierada

Este sábado fue la primera javierada del año 2010. Iniciadas en 1940, son peregrinaciones hasta el castillo de Javier, una importante fortaleza hasta la unión del Reino de Navarra con el de Castilla, donde dejó al margen su papel de fortaleza para centrarse en el de residencia; y es de ese castillo de donde proviene el patrón de Navarra San Francisco Javier. Misionero del siglo XVI, cofundador de la orden de los Jesuitas, la Compañía de Jesús, junto con su colega en la Sorbona San Ignacio de Loyola.

Y ahí estaba yo, a las 6:30 de la mañana del sábado, a punto de iniciar la peregrinación, pensando que cualquier otro sábado ésa hubiera sido mi hora de llegada a casa, no de salida. En cualquier caso, deportivas y chándal puestos por primera vez en meses, comenzó la marcha, programada con tres paradas de veinte minutos cada una.

Y la gente preguntará, ¿para qué esa paliza? ¿Para qué estar caminando once horas sólo para al llegar poder decir “lo he hecho y ya he hecho mis peticiones al santo”?

Pues la verdad, creo que será la primera vez en este blog que ni siquiera se intente dar una respuesta a algo, porque, la verdad, es que no sabría ni yo explicar la respuesta. Recuerdo conversar con mi abuelo, que también la había hecho, y la evocaba con una sonrisa y la mirada perdida, con ese brillo en los ojos exclusivo de la gente mayor que recuerda un buen momento de su juventud. Y yo me pregunto si dentro de cincuenta años, mis nietos me harán la misma pregunta, y si yo pondré también ese brillo inconsciente. ¿Alguna vez os habéis fijado en ese brillo? Te contagia la sonrisa. Durante unos segundos, tratas de imaginar cómo era esa persona cuando tenía tu edad, y, como tú, hacía la javierada, estudiaba, o se iba a los bares de entonces. Año tras año la misma javierada. Año tras año el mismo brillo en los ojos. Sean o no santos, creo que todas las personas tienen algo milagroso en ellas.

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