Aburrimiento en clase
Bueno, hoy es día de estreno, y tenemos avalancha de artículos. Este precisamente lo escribí en clase el otro día:
Bueno, estoy en clase de Derecho Internacional Público, y estoy aburrido. No me apetece copiar y tomar apuntes, y tampoco prestar demasiada atención. Esto no significa que la clase no me guste, es sólo mi forma de ser. Y tampoco es que la materia sea aburrida, de hecho, es interesante, da que pensar. Llevamos un tiempo estudiando tratados internacionales, y curiosamente lo que más vemos es cómo las naciones se las apañan para librarse de las obligaciones que adquirieron al aceptar esos tratados. Por lo visto, un tratado sirve para eso, para fingir que se quiere llegar a un objetivo utópico y luego se busca la menor laguna para evadirse de él. Algo así como un albañil que va al trabajo con un elegante traje de Hugo Boss; le sienta bien, le da mejor apariencia que el mono de trabajo, pero sigue siendo un albañil (y probablemente, tras el día de trabajo, su traje acabe muy manchado). Tal vez sea parte de la naturaleza humana el disimular nuestran auténticas intenciones creando un falso personaje. ¡Alegría para las tiendas de disfraces, las máscaras y caretas vuelven a estar de moda! Pero hay que ir siempre a la última, y el último grito no son las de diablo o jorobado, son las de sonrisa y buenas intenciones.
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