Blogia
Mi Paisaje

18 años

Bueno, pues no veo mejor texto para empezar el blog. Lo escribí quince minutos antes de mi cumpleaños, porque un amigo me dijo que escribiera algo. Y me puse a divagar sobre los famosos dieciocho años y todo eso, y pensé, ¿en serio tienen tanta importancia? Pues aquí el texto que escribí, calcado de hace tres semanas:

Dentro de minutos mi cumpleaños, y mis dieciocho años, y Juli me ha dicho de escribir algo para despedirlos. No soy un gran escritor, pero supongo que habrá que intentarlo, ¿no?
Pues la verdad es que hoy a la mañana he despertado pensando en esto. Los dieciocho años suponen para todos un cambio, por un motivo u otro, todos los queremos. Unos para poder conducir, otros beber, fumar… Por un motivo u otro todos queremos llegar a esa mayoría de edad, a esa libertad. Es lo que de una forma u otra buscamos todos, ese fin de la libertad, a por la cual nos aventuramos sin saber exactamente qué es. Supongo que cada uno la ve de una forma distinta.
Pero hay algo que todas las libertades individuales tienen en común. La capacidad de actuación propia, la toma de decisiones, el ver lo más instantáneamente posible el resultado de nuestros actos. Hay que tener cuidado: esta libertad acarrea por supuesto responsabilidades, pero éstas se nos pasan más de largo, no les hacemos tanto caso.
También es normal que no tenga la misma libertad un niño de cinco años que alguien con diecisiete. La libertad la vamos adquiriendo poco a poco. Empezamos consiguiendo ese permiso para cruzar solos el paso de cebra y terminamos con la capacidad de obra absoluta. Durante ese tiempo, hemos ido poco a poco adquiriendo nuestra libertad, que es una libertad que cada uno hemos ido construyendo personalmente; si nos portábamos bien, nuestros padres nos daban un poquito más de margen; si, por el contrario, les desobedecíamos, a la próxima nos iban a permitir la mitad.
Y de repente, los dieciocho años. ¿La libertad absoluta? No recuerdo quién lo dijo, pero recuerdo la frase de “la libertad de uno mismo termina donde empieza la del otro”. Supongo que esa es la diferencia entre libertad y libre albedrío, el ser capaces de desarrollarnos sin interferir en el desarrollo de los demás. Porque, este desarrollo, no es sino algo continuado durante toda la vida, algo que no lo marca una frontera de edad. Es algo que ni siquiera marca la madurez personal. Es algo, directamente, sin marcar. Y es que con los dieciocho no llega esa libertad absoluta como la que tanto nos enseñaban con envidia aquellas películas donde un personaje solitario subía a su moto y recorría el país a su antojo. Es más, ni siquiera llega el momento para conducir, beber o fumar. Seamos sinceros, el que quería hacerlo lo hacía igual con diecisiete o menos. ¿Qué es lo que llega entonces? Eso tiene que mirarlo cada uno, porque ahí sí que reside la libertad personal, la meta que cada uno quiere ponerse, y la mía no es otra más que seguir haciendo lo que he hecho hasta ahora: vivir.

0 comentarios