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Cuando me da por pensar

Hoy me ha dado por un tema algo más lúgubre, pero del que no es ajeno nadie. La muerte. ¿Qué es, por qué? ¿Qué sentido tiene?

Lo primero me he dado cuenta de una cosa. Bueno, no me he dado cuenta, pero la he pensado: ¿es el ser humano el único consciente de su muerte? Quiero decir, un gorrión o una paloma que revolotean por la calle, ¿son conscientes de que no estarán ahí para siempre? Un animal que huye de un depredador, ¿realmente está huyendo por temor a la muerte o por algún instinto que se lo ordena? Si nos basamos en la memoria genética, en un lamarckismo algo exagerado tal vez, tendríamos que los instintos son recuerdos heredados de un ascendiente de ese animal. Me explicaré: un ratón ve que un congénere suyo es cazado y devorado por un búho lo retiene como recuerdo y aprende a evitar a los búhos; este recuerdo se impregna en su genética y es heredado subconscientemente por sus descendientes, de tal modo que el resto de ratones que engendre sabrán, sin haberlo visto, que los búhos son peligrosos para ellos. Con esto me refiero a que un animal no sólo desconocería la muerte por vejez, sino que también ignora la muerte tras un depredador. Los animales no conocen la muerte hasta que la afrontan. Y precisamente esa es la gran diferencia que reside entre el concepto de muerte de un ser humano y de un animal. Y lo que hace también que la muerte en el ser humano no sea ni mucho menos algo que lamentar.

Como ya dije en un post anterior, la vida es un continuo aprendizaje. Y en el caso del ser humano, al conocerla, el aprendizaje es también sobre lo desconocido. A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo a afrontarla. Pero, eso sí, siempre es dolorosa y complicada. Pero no por ello triste, en absoluto. Hay que pensar en la muerte como la cúspide de la vida. Como el momento en el que no cabe más aprendizaje. La muerte es el final a un largo camino de errores y aciertos, de gente alrededor, de diversidad de momentos… No es un truncamiento de la vida, es sólo la cúspide del aprendizaje y la realización. Precisamente eso es lo que en parte la hace sosegada.

Hay que mirarla como un punto de inflexión, pero nunca como un antes y un después. Cuidado con ese pequeño matiz. Y sobre qué hay después… ¿qué prisa hay por enterarse?

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