Decir adiós
Cuando di el paso del instituto a la universidad, imaginé que habría cambios. No hablo sólo de lo académico, hablo tambien de otras cosas como personales, sentimentales... lo que la gente más mayor, en especial padres y profesores llaman así como "hacerse persona". Y lo pienso ahora y tienen razón. ¿Por qué sólo te das cuenta de las cosas cuando ya han pasado?
Recuerdo estar en Bachiller, y pensar que poco más iba a madurar ya. Tenía el ridículo pensamiento de que con dieciséis años tenía la vida asentada. Pienso eso mismo ahora, y casi hasta me da vergüenza pensarlo. Al llegar a la universidad tampoco lo supe ni me di cuenta; han tenido que pasar dos meses para ello. Pero sólo en mi clase hay gente no de distintos lugares de Pamplona, hablo de distintos lugares de España e incluso Europa. Y ellos tal vez pensaran con dieciséis años que tenían la vida asentada, ¿qué piensan ahora? Están lejísimos de sus casas, con la dura tarea no sólo de sacar una carrera, sino de empezar una nueva vida en un lugar extraño para ellos. Estudiando donde vives no te das cuenta, pero tiene mérito. Y mucho. Todo lo que han dejado atrás: su familia, sus casas, sus recuerdos, amigos... Les han dicho adiós. Adiós, la de veces que hemos escuchado esa palabra e incluso que la usamos a lo largo del día y no entendemos todo lo que recae en ella. Decir adiós es despedirse, no volver a ver algo a lo que le tienes aprecio en no sabes cuanto tiempo (porque, usualmente, si lo sabes, dices "hasta luego" o "hasta no sé cuándo"). Detrás de un adiós hay una incertidumbre, un desconocimiento. ¿Cuándo será esa vez próxima? Tal vez uno de esos que han venido aquí hayan dicho adiós a su mejor amigo, y nunca vuelvan a verse porque claro, quizá el amigo también viaje.
Dejar atrás todo aquello que apreciamos para madurar. Irónico: para "hacerte persona" a veces hay que dejar atrás a las que más quieres.
0 comentarios